Gas natural para cocinar progreso en las veredas de Acacías
Gas natural para cocinar progreso en las veredas de Acacías

Algo tan sencillo como cocinar, era un verdadero “dolor de cabeza” para miles de familias campesinas de Acacías, que debían suplir esa labor diaria con peligrosas pipetas de gas, o enfrentar el arduo trabajo de recoger y prender leña para poder preparar sus alimentos; afortunadamente, ese problema se ha ido resolviendo gracias a la llegada del gas natural domiciliario a sus veredas.

A través de un importante proyecto que se desarrolló en los últimos seis años, Ecopetrol en asocio con la Alcaldía Municipal y las compañías Madigas y Llanogas, se logró beneficiar a 1.562 familias de las zonas rurales de Acacías, con la instalación de gas natural en sus viviendas, lo que ha significado un destacable progreso en su calidad de vida.

Un tinto en Patio Bonito

Casa de campo en la vereda Patio Bonito de Acacías
Casa de campo en la vereda Patio Bonito de Acacías – Foto Juan Domingo Guzmán

Luego de un recorrido de más de 40 minutos en carro, transitando exuberantes parajes de la parte baja del municipio, se llega a la vereda Patio Bonito, donde se respira el olor del llano, y el estilo de vida está ligado a la producción agrícola, el trabajo de campo y la cría de ganado.

Allí, entre cacarear de gallinas y mugidos de becerros, las parcelas parecen detenidas en el tiempo, como si estuvieran suspendidas en un paréntesis, en medio de una época digital marcada por el Internet, tendencias, selfies y redes sociales, siguen llevando la vida rural que hace de los campesinos de esta región unas personas sencillamente formidables.

La tienda de doña María Nina se ha convertido en lugar de reunión en la vereda Patio Bonito
La tienda de doña María Nina se ha convertido en lugar de reunión en la vereda Patio Bonito

A la entrada de la vereda Patio Bonito se encuentra la tienda de doña María Nina Rojas, un pequeño negocio familiar, que con el pasar de los años se ha convertido en punto de referencia y lugar de reunión para los pobladores de la zona.

Con la voz recia y el acento llanero arrastrando las silabas de cada palabra, doña María Nina habla con emoción sobre el gas domiciliario que cambió la economía de su casa y también de su tienda.

“Es muy importante. Un beneficio favorable, hemos logrado una economía favorable en todo sentido, porque ahora nos vale menos y nos alcanza mucho más que cuando comprábamos la pipeta. El mejor servicio que hemos podido tener”, asegura doña María mientras prepara un delicioso café llanero en su estufa de gas.

Y la felicidad de la señora Rojas no es para menos, ya que, en ese sector, la simple labor diaria de cocinar era en un verdadero dolor de cabeza, tanto económico como logístico.

Antes del gas domiciliario, las familias campesinas debían adquirir las pipetas, que en un hogar de cuatro personas, duran alrededor de 20 días, con un valor aproximado de 58 mil pesos, más los gastos de traslado.

Por su parte, Dora Inés Parrado, quien también vive en la vereda Patio Bonito, expresa con entusiasmo lo orgullosa que se siente por vivir en el campo, y aunque su casa queda retirada del casco urbano, no cambia por nada la tranquilidad de la cotidianidad campestre.

Gas natural rural en Acacías Meta
María Nina Rojas y Dora Inés Parrado preparando un delicioso café campesino en la vereda Patio Bonito

“Vivir en el campo es la felicidad más grande. Nosotros siempre hemos vivido en el campo, un lugar tranquilo, un poquito lejitos pero muy tranquilo”, dice Dora Inés con una sonrisa en su rostro.

Parrado recuerda los trabajos que debía pasar para llevar el cilindro de gas a su casa, que la obligaba a recorrer un largo trayecto para poder cocinar los alimentos para su familia.

“Antes cocinábamos con pipeta o con leña, y para conseguir la pipeta de gas tocaba hasta Acacías, y de unos cinco años para acá la conseguíamos en Puerto Canecas, pero igual, para el transporte bregabamos mucho en las motos”, exclamó Dora Inés, mientras frunce el ceño al recordar los esfuerzos.

Vereda Patio Bonito Acacías Meta
Campo de tejo en la tienda de doña María Nina Rojas

Lograr las acometidas de gas en los hogares campesinos de 31 veredas de Acacías, fue en realidad un proceso sencillo, que inició con los listados de las casas beneficiadas recopilados por los presidentes de las Juntas de Acción Comunal.

Esas listas fueron entregadas a Ecopetrol, y se dio inicio a los trabajos de excavación y acometida, que se desarrollaron en un estimado de cinco meses, y lo mejor, no afectó para nada las labores de campo de las parcelas.

“En su momento fue muy difícil traer las pipetas, siempre fue incomodo traer el gas y no tener que cocinar con leña, que es muy dañino, y hoy es una gran dicha tener ese gas en la casa, que nos ha facilitado muchas cosas”, destacó Dora Inés Parrado.

Dora Inés Parrado vereda Patio Bonito
Dora Inés Parrado nos habla sobre la vida en el campo

Tan solo en la vereda Patio Bonito, alrededor de 40 familias hoy tienen la dicha de cocinar sin arriesgar sus vidas lidiando con los peligrosos cilindros, y sobretodo, pagando recibos que oscilan entre los 12 mil y los 16 mil pesos mensuales.

“Una felicidad enorme. Ya la tranquilidad de no tener que correr el riesgo, además algunas pipetas traían escape y hasta tener que ir a cambiar, y todo esto era muy incómodo. Hoy es una felicidad tener un gas en casa, que uno se levantó y abrió la llave y ya”, dijo entre risas doña Dora Inés, mientras nos servía el delicioso café campesino endulzado con panela.

Quemarse las pestañas con gasolina

Flor Marina Perilla, una tolimense que se enamoró del piedemonte llanero
Flor Marina Perilla, una tolimense que se enamoró del piedemonte llanero – Foto Juan Domingo Guzmán

Una historia similar se desarrolló en la vereda Primavera, zona donde las casas se encuentran alejadas unas de las otras, pero están conectadas por una carretera bien pavimentada, que atraviesa cultivos de platano, yuca, piña y cítricos, entre otros.

Al recorrer la Primavera, se impactan los sentidos con el olor de las frutas en el aire, mientras que la vista se pierde a lo lejos, en el verde infinito de la llanura acacireña.

La casa de campo de Flor Marina Perilla en la vereda El Recreo
La casa de campo de Flor Marina Perilla en la vereda El Recreo

En medio de fincas y cultivos, se llega a una casa campestre bien vigilada, por el ojo escrutador de cuatro perros echados en la puerta, aterradores a simple vista, pero que al notar nuestra presencia empezaron a menear la cola, y su aspecto fiero ahora mostraba la verdadera naturaleza de nobles mascotas.

 

Se trata de la finca de doña Flor Marina Perilla, una tolimense que se enamoró del piedemonte llanero, y que encontró en el campo, el lugar ideal para levantar una familia, aunque en el pueblo es dueña de tres casas.

“Hace tres años me vine para la finca y solicité el servicio del gas, no he tenido ningún problema. Pero recién llegué cocinaba en una estufa de gasolina”, relata Flor Marina, mientras recuerda entre risas nerviosas, una ocasión en que el tanque de la estufa se le estalló y se quemó las pestañas, y aunque no sucedió nada grave, admite que se llevó un buen susto.

La familia de doña Flor se benefició con las redes de gas natural
La familia de doña Flor se benefició con las redes de gas natural

“Con el gas, prácticamente estar aquí en el campo, es como estar en el pueblo, no se siente uno en el campo”, aseguró Perilla.

Llama la atención que, a pesar de ser oriunda de Ibagué, tener varios predios en Acacías, y que los convenios de Ecopetrol le permitieron tener una vía pavimentada frente a su casa y la comodidad del gas domiciliario, doña Flor Marina criticó que hasta el momento ninguno de sus hijos o nietos ha logrado un puesto de trabajo con la petrolera, y alegó que esa es una oportunidad “que se le debe dar” a sus familiares, teniendo en cuenta que sus padres fueron campesinos de la región.

“No me acostumbro a ese bendito gas”

María Stella Rojas, de 79 años de edad, lleva casi seis décadas habitando la misma vivienda – Foto Juan Domingo Guzmán

Entre tanto, en la vereda El Triunfo, bien metida en el llano, descubrimos una humilde casa de campo, que recibe al visitante con un árbol lleno de mandarinas y un totumo frondoso de grandes frutos.

En la puerta, con un bastón largo tomado de una gruesa rama, nos encontramos con la dulce mirada de la señora María Stella Rojas, una anciana de hablar pausado, marcada en su estampa por la dura vida de campo.

La casa en la vereda El Triunfo donde María Stella Rojas vive hace 58 años
La casa en la vereda El Triunfo donde María Stella Rojas vive hace 58 años

Doña María Stella, de 79 años de edad, lleva casi seis décadas habitando la misma vivienda, y recuerda como si fuera ayer, los años en que se cocinaba con carbón, lento para preparar los alimentos, pero que mantenía caliente la comida, y no era necesario estar prendiendo la estufa cada vez que alguien llegaba a comer.

“Con ese gas no me puedo acostumbrar. Uno acostumbrado a cocinar sus alimentos con tiempo, y se dejan ahí con la leña y están calienticos, en cambio con el gas uno apagó (la estufa) y que llegó fulano de tal, y entonces a calentar, pero con la leña permanece el fogón prendido”, dice María Stella.

A la entrada de la casa nos encontramos con un totumo frondoso de grandes frutos.
A la entrada de la casa nos encontramos con un totumo frondoso de grandes frutos.

Luego del carbón, hace unos 30 años llegó la famosa pipeta, un problema que ponía a correr a toda la familia, cuando desprevenidamente el gas se agotaba y tocaba salir corriendo a buscar un nuevo cilindro para poder cocinar.

“Tocaba traer la pipeta hubiera o no hubiera carro, bregar a ver como se conseguía desde Acacías o San Isidro, y hoy nos trajeron el gas hasta la puerta de la casa”, destaca la mujer, quien reconoce que, aunque no se adapta al gas domiciliario, éste ha sido una gran ventaja que disminuye las labores de su hogar, y rebaja los costos para su familia.

“Ahora por lo menos es más barato, porque antes, cada mes, eran más de 50 mil pesos, y ahora se pagan entre 11 y 13 mil pesos”, explica la señora Rojas.

A pesar de las facilidades, doña María Stella cuenta que “con el gas me he quemado hasta las manos porque se me ha volteado las ollas del agua”.

“Ya no hay que pensar: ¡El cilindro se acabó!”

Gloria Mariela Layton Rojas sonrie mientras recuerda los trabajos que tuvo que pasar antes de la llegada del gas natural
Gloria Mariela Layton Rojas sonrie mientras recuerda los trabajos que tuvo que pasar antes de la llegada del gas natural – Foto Juan Domingo Guzmán

En cambio, la hija de María Stella, la señora Gloria Mariela Layton Rojas, sí está muy contenta con el servicio que “ha sido una ventaja muy grande porque ya, por lo menos, uno no piensa en comprar el cilindro que se acabó. Ha sido muy buena la llegada del gas”.

María Stella y Gloria Mariela, cocinaron con leña, luego con pipeta y hoy disfrutan del gas domiciliario
María Stella y Gloria Mariela, cocinaron con leña, luego con pipeta y hoy disfrutan del gas domiciliario

Gloria Mariela recordó que “en ese entonces la pipeta costaba entre 58 y 60 mil, y 10 mil de la traída, más el pasaje de uno, otros 10 mil”, y añadió que había algunos cilindros que venían “bajitos” y entonces duraban menos.

Otro lugar a donde llegaron las redes de gas rural fue a la vereda San José, ubicada sobre la vía nacional, en la salida hacia Guamal, sector de Vaqueros, donde está ubicada la casa de doña Elsa Maria Ovalle Quitían, quien también sufrió con las estufas de carbón y gasolina.

“Una estufa que tocaba con calentador, una copita de alcohol, iniciar el calentador para prender el fogón. Una vez se nos incendió y casi se nos quema toda la cocina, y después de eso tocó comprar la pipeta pero eso era muy caro”, recuerda la señora Elsa María.

La moderna cocina de Elsa Maria Ovalle Quitían, en la vereda San José, también se benefició con el gas domiciliario
La moderna cocina de Elsa Maria Ovalle Quitían, en la vereda San José, también se benefició con el gas domiciliario

“Muy cómodo tanto para cocinar como para el bolsillo, aquí el recibo de gas nos llega por 6.000 pesos, y por eso le agradezco a Ecopetrol por haber traído ese servicio a esta vereda”, resaltó esta madre de familia.

A la fecha, un total de 31 veredas de Acacías gozan de ese beneficio: El Centro, La Cecilita, Loma de Tigre, Montebello, Chichimene, Rancho Grande, San José, Alto Acacias, San Juanito, Santa Rosa, La Unión, Patio Bonito, Las Blancas, La Esmeralda, Santa Teresita, El Resguardo, El Rosario, Margaritas, Montelibano, Caño Hondo, San Cayetano, Las Lomas, Quebraditas, San Nicolás, El Diamante, Lomas de San Pablo, Loma del Pañuelo, La Pradera, Brisas del Guayuriba, El Playón, El Triunfo, y La Primavera.

El proyecto alcanzó una cobertura de 1.562 familias campesinas, con una inversión superior a los $19.300 millones de pesos, de los cuales, Ecopetrol aportó cerca de $12.200 millones.

Elsa Maria Ovalle Quitían, en la vereda San José, se siente muy agradecida con Ecopetrol por este importante proyecto – Foto Juan Domingo Guzmán

El gas domiciliario veredal, fue un logro alcanzado a través de convenios liderados por Ecopetrol de la mano de la Alcaldía Municipal y las empresas aliadas Madigas y Llanogas.

Roberto, la inquieta mascota de doña Elsa Maria
Roberto, la inquieta mascota de doña Elsa Maria Ovalle

Aparte del ahorro económico para las familias veredales, el gas natural también ha significado un importante logró en la conservación del medio ambiente, al erradicar la práctica de cocinar con leña, que produce una preocupante deforestación de bosques.

Además, este proyecto alcanzó un impacto positivo en la salud de los hogares rurales acacireños, que al abandonar las estufas de leña, evitan graves enfermedades respiratorias.

Esta iniciativa también significó la generación de un sin número de empleos regionales, con trabajadores locales y de municipios aledaños, luego que la convocatoria para mano de obra no calificada, no alcanzara la aceptación esperada en Acacías.

El jefe del Departamento de Entorno de la Regional Orinoquía de Ecopetrol, David Hernán Luna, indicó que la experiencia de la petrolera estuvo enmarcada en la política de prosperidad compartida de la empresa.

 

Reportaje de Iván Briceño L
Fotografía Juan Domingo Guzmán
Radio Comunitaria de Acacías RCA888.COM